He dejado pasar un tiempo prudencial antes de escribir una nueva entrada, para tener algo positivo que contaros.
La semana pasada fue una constante lucha contra la obstinación de Eulalia (a la que ya os presenté) por "cuidarme" las lechugas.
El poco tiempo libre del que disponía antes de llegar el fin de semana, hizo que la reparación de la malla ¿protectora? del PeterHuerto fuera simplemente provisional. Tan provisional, que Eulalia no tuvo ninguna dificultad para volver a entrar una y otra vez, día tras día.
Llegué incluso a pensar que se estaba riendo de mí y sinceramente, no tenía claro que pudiese ser capaz de impedir definitivamente los ataques. Me estaba dejando vencer por ¡¡una gata!!
Además, apareció en escena el otro peligro gatuno, Mimoko, que hasta ahora no había hecho mucho caso al PeterHuerto y se había limitado a observar a su "hermana" mayor; aunque se trata de un peligro distinto, ya veréis luego.
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